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  • rebé fernando valderrama

UTOPIA DE LA FELICIDAD

Actualizado: 12 jul


Cuando nos referimos a la felicidad se ha de entender un estadio feliz, pese a la redundancia para que esta referencia sea algo más comprensible de lo que es ahora, necesitamos abordar el término mismo "feliz", no obstante su significado apunta a algo tangible, concreto y material para el vulgo, y en este sentido adquiere la noción de felicidad general, y el contexto del significado en lo particular, no quedando mucho espacio para otra concepción en estos mismos términos.


No conocemos una realidad específica a la que pudiésemos denominar inequívocamente como la felicidad, cómo entonces ? podríamos referirnos con pretensiones razonables a este tema ?, de tal suerte que no fueran meras especulaciones, se ve un tanto difícil la tarea, prácticamente sería plantear de aquello que ignoramos y de lo que no hay experiencia, y pretender suplantarla con una serie de citas de toda clase, que no serían más que construcciones antojadizas sobre la endeble o peor inexistente base a la que me he referido previamente.


La felicidad general es la percepción común, esta es la satisfacción de las carencias básicas de todos los individuos en cuanto especie; el economicismo habla de necesidades, la satisfacción de las necesidades básicas, que no sería otra cosa que una estructura de demanda material de cosas, si estas son básicas o no, lo determinará la retórica economicista de moda.


Puede la economía satisfacer las carencias básicas de la felicidad general y cómo, acaso llenando a la gente de una compulsiva y permanente necesidad material poniéndole la etiqueta de "básicas", en una rueda de insatisfacción creciente, y por consecuencia una necesidad material igualmente creciente, en una relación de retroalimentación de nunca acabar. Esta es una ecuación cruel.


Sin duda que se ha construido una concepción de felicidad en oposición a qué ?, tenemos a cada cual respondiendo individualmente esta cuestión existencial, dándose más de una respuesta particular que no son más que una suma de cosas, creyendo que eso es la felicidad. No sabe que cosa es, y por lo mismo no la puede reconocer por más que busque.

La felicidad no es más que un espejismo de nuestra propias concepciones sobre aquella.

Ciertamente, aspiramos a la felicidad más por instinto o por intuición, denotando la objetividad de la primera versus la subjetividad de la segunda de manera excluyente. Sin tener la menor idea de la naturaleza de la misma, haré la distinción en cuanto instintiva a satisfacer inmediatamente para la conservación de la funcionalidad vital o simplemente la imperativa supervivencia. La intuitiva suple aquello que en la anterior no está; entonces de dónde surge esta y hacia dónde se proyecta es la cuestión.



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